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Diario de viaje de Ángel Galíndez en Liberia

Publicado por Eki.

Liberia 08 – 09 /2020

 

PCR: negativo. Según el consulado el primer y único español que había solicitado visado para viajar a la República Liberia desde el comienzo de la pandemia del COVID. La aventura era prometedora.

Como no podía ser de otra manera, llegamos con retraso y tuve que hacer noche en Bruselas. Como me gusta viajar ligero, subí a un tren y anduve 1 km por la ciudad para llegar a mi hotel con tres tablas de surf, maleta llena de materiales, herramientas y la ropa justa, la mochila con el portátil, mascarillas y algún bártulo más. Al día siguiente, la misma caminata para llegar al aeropuerto.

Por fin llegué a mi destino: 8 st Don Bosco Technical High School, ubicado en Monrovia capital de la República de Liberia, que cuanta con escuela primaria y secundaria, una bomba de agua, la residencia de los sacerdotes, y una escuela técnica para la formación profesional.

Parecía que el COVID no había llegado allí, la vida seguía como siempre. Mercadillos llenos, las calles repletas de gente y ni una sola mascarilla. Como decían los locales, “el COVID era una enfermedad de la elite porque solo lo tenían los altos cargos del gobierno y gente importante que venía del extranjero”.

Bueno, volvamos a lo importante. Hace un par de años estuvieron un año entero sin suministro de la red eléctrica, y durante mi estancia me atrevería a decir que funcionó solo 50% del tiempo. La distribución eléctrica en Monrovia es muy caótica, hay muchísima gente sin acceso a ella y los cortes son prolongados y frecuentes.

Dentro de la organización, yo me ocupaba de los estudiantes del módulo profesional de electricidad residencial e industrial. Se trata del primer módulo profesional de energía fotovoltaica del país.

El primer día, pedí a todos los alumnos, dieciséis, que asistieran a la primera jornada de instalación de las tres que enviamos en un contenedor junto con material de formación. No sabía en la que me había metido, así que decidimos repartir a los alumnos en cuatro grupos y todo resultó mucho más operativo y contribuyó enormemente a la mejora del proceso de enseñanza y aprendizaje de los alumnos

Me acompañaba el profesor Abdul de Etiopía, gran amigo después de haber vivido y trabajado juntos todos los días. Además de su conocimiento e interés por la energía solar, también compartimos buenos momentos de surf.

Tardamos dos semanas en acabar la primera instalación solar, que fue la mas grande con 105 paneles, 3 inversores/cargadores, y 3 baterías de litio. El conexionado eléctrico en esta instalación fue más complicado debido a los largos tendidos que tuvimos que hacer. Solo podía quedarme un mes, así que sabía que las dos próximas instalaciones tenían que ser instaladas más rápido.


 

Comenzaba nuestra segunda aventura, la instalación del colegio “Mary Help of Christians Catholic School” en el barrio de Matadi de la capital Monrovia. El centro cuenta una escuela primaria y secundaria, bomba de agua, parroquia, residencia de los sacerdotes y un centro de actividades para los jóvenes de la zona. Este barrio era mucho más humilde que el anterior, aquí todo estaba construido sobre las marismas y había muchas casas y carreteras inundadas.

Como los estudiantes ya tenían cierta experiencia de la anterior instalación y esta era un poco mas pequeña, logramos acabarlo en 7 días. 75 paneles, 24 baterías de plomo de 80 kg cada una, y un inversor de gran tamaño. La instalación fue más rápida, pero las condiciones de este tejado fueron mas complicadas debido a la altura y la falta de grosor en la chapa metálica del tejado. Tuvimos que extremar las precauciones y solo subimos al tejado el personal necesario, el tiempo era muy variable con lluvia, sol y viento, las condiciones meteorológicas no estaban de nuestro lado.

En este punto, Abdul (el profesor etíope) y yo, llevábamos trabajando 21 días sin parar, aunque con alguna sesión de surf para desconectar. Nuestro alumno estrella, Mapolo, era un estudiante con conocimientos técnicos altos y con aún más de ganas de aprender si cabe. Mapolo venía todos los días, aunque no fuera el turno de su grupo, insistía en que solo venía a observar. La verdad es que nos vino muy bien por que siempre nos echaba un cable cuando hacia falta. Así que, como la tercera instalación era algo más compleja debido a la ubicación y tiempo del año, fichamos a Mapolo para que viniera con el profesor Abdul y el Padre Ricardo. ¡Empezamos dos y ya éramos cuatro!

Permitidme que os presente al cuarto del equipo, El Padre Ricardo, sacerdote salesiano italiano de 71 años. Después de unos días colaborando con nosotros en la primera instalación ingresó por Malaria en el hospital donde estuvo varios días. Tras una semana de descanso, hizo las maletas y nos acompañó en el viaje a Tapeta.


 

La tercera y última instalación fue en un centro en Tapeta, a unos 350 km de Monrovia hacia el interior del país. Hicimos los primeros 220 km en coche por carretera bien asfaltada, disfrutando de jungla, los campos de caucho y la vida tranquila de los campesinos. Una vez llegamos a Ganta, la carretera acabó y nos trasladamos a las motocicletas.

Cuando vimos llegar las motos y la cantidad de barro que llevaban, sabíamos que teníamos una buena aventura por delante. Mapolo directamente se quitó los zapatos para no ensuciarlos y decidió continuar el resto del viaje descalzo. Solo eran unos 130 km, pero tardamos casi seis horas, esto era un autentico rally.

Era impresionante ver los camiones atascados en el barro durante semanas, y los niños, que aparentaban no más de 12 años, trabajando en la carretera, empujando motos por el barro para ganar tan solo 5 céntimos. Los controles de policía y del ejercito eran constantes, prácticamente cada 30 km. Gracias al ir acompañados por el Padre Ricardo, no nos dieron mucho la lata.

St. Francis Catholic School, de la misión salesiana en Tapeta, tiene un centro de salud y maternidad, escuela primaria y secundaria, bomba de agua, parroquia, y residencia de sacerdotes. Para esta instalación nos ayudaron el electricista local que les hace los trabajos, uno de los choferes y una estudiante, Rita, que estaba acabando secundaria y que también querían enviar a 8st para estudiar electricidad y solar.

Finalizamos esta instalación en un tiempo récord de 3 días. Aquí el tiempo era aún mas impredecible, y la lluvia nos golpeaba constantemente sobre el tejado. La instalación era aun mas pequeña que el resto, 18 paneles, 1 inversor, 1 batería de litio.

Una de las noches antes de acabar la instalación, estuvimos cenando, escuchando el grupo electrógeno funcionando, y oímos (HALELUYA) lo que significaba que una mujer acababa de dar a luz.

Además de presenciar un nuevo nacimiento, me dio tiempo de celebrar el año nuevo el 11 de septiembre tal como lo celebran en Etiopía. Abdul tenía unos amigos en Tapeta, y nos reunimos esa tarde con ellos para celebrar el año nuevo, matando una cabra y preparando un plato tradicional muy rico y, como no, muy picante.

Al acabar la instalación, tratamos de explicar y formar lo mejor que podíamos al electricista local, a la estudiante Rita, y nuestro chofer que nos tenia que traer de vuelta. Vaya ruta que nos quedaba, y esta vez, sin el Padre Ricardo.

Los controles se hacían cada vez mas interesantes. Nos pedían los pasaportes continuamente. El mío pasaba rápido con un algún comentario del Barça o del Madrid y yo les seguía el rollo, aunque por supuesto, soy del Athletic de Bilbao. En cambio, con el pasaporte de Abdul se detenían un rato, mirando cada página con gran detalle.

En el camino de vuelta a Monrovia, tuvimos algunos fallos mecánicos que solucionamos con pequeños pit stops en pueblos, pero ya en la camioneta, nos quedamos todos dormidos, incluido el incansable Mapolo.


 

Durante los tres últimos días, nos centramos en los últimos detalles de la instalación de 8st y Matadi, así como a la formación a los alumnos. También encontré momento para escaparme con Abdul para surfear.

En una de las escapadas de surf, conocí a Melvin, que trabajaba de Socorrista en un Restaurante en la playa y además era el representante en Liberia de la ONG Waves for Change originalmente de Sudáfrica. El programa de esta ONG es acoger a niños de situaciones difíciles y ofrecerles un programa de 12 meses donde les llevan varias veces a la semana a surfear y de esta forma ayudarles física y mentalmente en sus situaciones diarias inimaginables para nosotros.

Llegó el momento de volver a casa. Me despedí de Liberia, de todo el equipo y de mi último nuevo amigo, Melvin, al que le di las tablas que había llevado y le prometí que pronto regresaría tanto para hacer más proyectos como para surfear.